Ser mujer más allá del cuerpo

El perfil de una persona que logró cambiar de niño a mujer.

Por Josué Garay(1)

Apenas habían pasado cuatro meses desde que se había dado el triunfo de la Revolución Popular Sandinista en Nicaragua. Era un 22 de noviembre de 1979 cuando nació un pequeño niño, que con el paso del tiempo se convirtió en Roxanne Athiany Larios Zuniga, alguien que con sus firmes convicciones decidió volverse transgénero. Luego de luchar contra el sistema impuesto por la sociedad, inició a trabajar como activista de los Derechos Humanos, derechos que reclamaba.

Con una tenue voz, que pareciese entonar alguna melodía, suavemente revuelve una tasa con café caliente, a la vez, Roxanne con una actitud muy firme comienza su relato diciendo que es una muchacha no tan joven. Tiene 35 años, de los cuales 28 estuvo encerrada entre las dicotomías de género femenino y masculino, sólo por no cumplir con el estándar corporal y genital que se conoce como ser mujer.

En esos años vivió entre el día y la noche, en una dualidad, como hombre en el día y como mujer en la noche. Aunque, eso no lo llevo a inhibirse, ya que si de algo estuvo muy segura, era de sentirse mujer, aun no siéndolo todavía.

Su llegada como activista

Fue en el año 2004, en ese entonces había escuchado de ciertas organizaciones, entre ellas estaba Hombres contra la violencia. En la que se inició, las reuniones en dicha organización se daban casi en la clandestinidad, debido a que no era normal que ciertas personas se integrarán a este tipo de grupos.

Su ambición y el hecho de ser una persona visionaria, rápidamente la llevó a lograr el reconocimiento en las estructuras organizacionales. Para ese entonces, Roxanne Athiany quería salir a las calles y gritar que existen los derechos, y que estos se deben respetar.

Durante ese tiempo, en su familia se presentaron problemas económicos, se necesitaba dinero para subsistir. Sabía que requerían de su apoyo, y no dudó en hacerlo. Se alejó de las organizaciones, donde había muy pocos ingresos, lo que la obligó a buscar trabajo en la empresa privada, aún se vestía como hombre, aunque con deseos de no hacerlo. Cuatro años después, cuando el impase familiar se superó, decide renunciar a dicha empresa, y lo abandonó todo, incluyendo su perfil masculino.

Apenas habían transcurrido ocho años desde que se adentró el siglo XXI, era el 2008. Aunque eran tiempos en los que la discriminación a personas con diferente opción sexual estaba en apogeo, decidió decir “ya no quiero vivir más en dos closet” y decide salir y encontrarse. Esto, llevó a Roxanne a formar la Asociación Nicaragüense de Trans (ANIT) el 10 de diciembre de ese año; con la intención de abarcar el proceso de la transfeminidad, y a la vez brindar apoyo moral y acompañamiento.

Y todo inició…

Todo inició cuando decidió formar la asociación de la que hoy es fundadora. Aunque la disposición de ser transgénero, le fue un proceso paulatino, porque antes de comprender exactamente qué era ser “Trans”, no manejaba dichos términos, eran tiempos muy confusos y en donde ese tipo de temas eran considerados como tabú.

Por tal razón, y aunque sabía muy bien el deseo de verse y llamarse mujer, se enfrentó a algo que estaba fuera de sus manos. No tenía los órganos femeninos, no tenía pechos, pechos que cruelmente simbolizan ser mujer. La seguridad que lo caracterizaba cuando era un niño, la fortaleció y la llevó a lidiar con ese detalle, por ello, comenzó a cumplir poco a poco las características físicas de ser mujer.

Mientras pasaba todo este proceso en su vida, en su hogar, su hermano le hacia la vida imposible; le botaba los pocos maquillajes que iba adquiriendo, pero Roxanne no paró en cumplir el deseo para el que ya estaba predeterminada. Aun enfrentándose a una sociedad que condenaba y prohibía la opción sexual, que ya había elegido.

Su transformación avanzaba poco a poco, y aunque muchos estaban en desacuerdo, como su hermano, decidió nadar contra la corriente. Aprendió a maquillarse y se dejó crecer el cabello. Además, buscó la información necesaria para defender aquello que vendrían a ser, sus nuevos derechos.

Roxanne Athiany, cada vez se dedicaba más en lleno a la identidad femenina, la cual en lo profundo de su ser le gritaba que debía de vivir y olvidar para siempre el ropero masculino para luchar por su nueva expresión de género. Quería ser libre.

¡No quería engañar!

Uno de los factores que la llevó a ser quién es, fue el hecho de sentirse incomoda consigo misma, de no pertenecer a ese cuerpo que le habían dado, en tener que engañarse y a la vez engañar a la sociedad, fingiendo lo que no quería hacer. Pero antes de todo, debía buscar de dónde agarrarse para poder soportar todo lo que se vendría, y así poder cuidar su dignidad como ser humano y no sufrir de agresiones verbales, físicas y sicológicas, como muchos otros transgéneros.

Durante su tiempo de escuela y colegio, relata que fue cómico, ya que sí de nacimiento hubiese sido mujer, seguramente le hubieran dicho “machorra”, ya que aunque sabía lo que quería ser, no era muy femenino. Tuvo problemas como cualquier joven de esa edad, muchas veces, confiesa, haber llegado hasta los golpes; eran tiempos en los que se competía quién era el más fuerte o el más rudo.

Con su distinguido tono de voz, y sin temor alguno, cuenta que fue abusada sexualmente a los seis años, por alguien que en aquel entonces era un amigo, pero eso no fue ningún factor determinante que lo llevara a cambiar su sexualidad.

En su hogar, recuerda bien que su papá, quién en realidad era su padrastro, le decía que era “mariquita” o “cochoncito”. Roxanne Athiany cuenta que el hecho de que un padre de familia le diga a su hijo ese tipo de cosas, le da libertad a una persona externa del hogar, que se apropie de eso, y comience también a faltarle el respeto.

Athiany comenta que a esa edad uno es casi como un objeto, que no se tiene ni vos ni voto para poder decir que le está pasando algo, porque no lo van a creer. Y es por eso que muchas veces se dan los abusos sexuales justifica.

Situaciones cotidianas

Una de las cosas que marcó su vida, es el hecho de haber habitado en una casa donde existía el matriarcado, pues su mamá en aquel entonces era una mujer luchadora, como la mayoría de las mujeres nicaragüenses. Aunque su padrastro tomaba mucho licor, su madre era la que ponía el orden y tomaba las decisiones. Es por eso que como mujer, siempre pensó que así se tenía que ser: Fuerte, luchadora y emprendedora.

Si de algo más ésta segura Roxanne Athiany es que no tiene nada que demandar al Estado, porque éste sabe muy bien su función, por ende no pueden limitar las necesidades de sus ciudadanos, sea cual sea su orientación sexual, se tienen derechos y se deben hacer cumplir. También piensa que a las transgéneros, la sociedad no las tiene que ver como un pecado, ni como un diablo, sino como una persona que solo desea vivir dignamente.

Confiesa estar de acuerdo con la adopción, y que no puede existir una ley que lo prohíba. Eso sí, ella considera que se debe tener en cuenta que para tener un hijo se debe contar con las garantías económicas. Ella asocia un poco el tema de la adopción con las religiones, y al reflexionar, no se explica cómo interpretan el tema del amor y el afecto, cree que están un poco cegados y enfrascados en su fundamentalismo, y eso no debe ser así.

De igual forma Roxanne Athiany, cree que los derechos vienen en cadena y son universales para todos y todas. Entre ellos ésta el derecho a vivir en una sociedad laica, en donde hay miles de religiones, y ninguna debería decidir que si se puede o no aprobar el matrimonio entre personas del mismo sexo. Apostando claramente por el matrimonio entre iguales, ya que si una quiero vivir sola o acompañada, si se quiero tener una familia propia o no, solo una lo puede decidir. Nadie más.

Y así llegó hasta hoy…

Hoy forma parte del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), precisamente en el grupo llamado padre Cesar Jérez, donde brindan acompañamientos básicos jurídicos, para transmitir el cómo se pueden exigir los derechos con mayor argumento.

Roxanne Athiany dice saber muy bien que luego de tantas situaciones que han pasado en su vida, el ser mujer va más allá del cuerpo. Ya que ser mujer es ser inteligente, es ser capaz de organizar, administrar y liderar, ser mujer es ser capaz de amar. Y sin dejar de ser razonables, también se puede ser emotiva. Pero no se debe pensar que se nació para servir al hombre, sino al contrario, para ser libre y feliz.

En cuestiones de amor, dice que le ha ido bien, mal y regular. Ha llorado, pues dice no ser de hierro. Se ama a si misma ya que piensa que es el primer paso para poder amar a otra persona. Es muy enamoradiza y le apuesta a las relaciones de pareja, cree firmemente que no es necesario que las relaciones deban ser eternas, pero si de calidad.

Le gusta viajar y conocer lugares como pasatiempo. Lamenta no haber podido viajar a Estados Unidos por asuntos que no estaban en sus manos cuando se le presentó la oportunidad. Confiesa que le gusta la comida china, pero sí de nacionalismo se trata, le encanta el nacatamal y el gallo pinto. Sus colores favoritos son el blanco y el negro.

En los próximos años se ve con un nuevo amor y como abogada, ya que actualmente cursa la carrera de derecho en la Universidad Centroamericana (UCA), aunque desde antes ya manejaba temas del contexto jurídico. No se ve como madre todavía, puesto que considera que primero debe estabilizarse económicamente.

A su papá verdadero nunca lo conoció. Aquí en Nicaragua vive con su mamá y sus dos hermanos. Ahora con todos se lleva muy bien, ya que existe una buena comunicación y respeto. El inicio perfecto para la convivencia humana.

(1):El Hidalgo ~ Revista web de periodismo narrativo que presenta una mezcla de buena escritura, aguda intuición social, reportajes, crónicas, perfiles y retratos memorables de la gente que pasa desapercibida en la sociedad.